La mayoría de las estrategias no fallan por falta de buenas ideas. Fallan porque, cuando llega el lunes, nadie sabe qué hacer con ellas. Quedan lindas en una presentación y mueren en un cajón.
El problema del documento perfecto
Pasé años viendo planes estratégicos impecables: bien diseñados, con análisis profundos y objetivos ambiciosos. Y casi todos compartían el mismo destino: nadie los miraba a las dos semanas.
El problema no era la calidad del análisis. Era la distancia entre el documento y la acción.
Tres preguntas que cambian todo
Antes de dar por cerrada una estrategia, la paso por tres filtros:
- ¿Se entiende sin explicarla? Si necesitás 40 minutos para que alguien la capte, es demasiado compleja.
- ¿Sabemos qué NO vamos a hacer? Una estrategia sin renuncias es solo una lista de deseos.
- ¿Hay un primer paso para esta semana? Si no existe, todavía no es una estrategia ejecutable.
La mejor estrategia es la que tu equipo puede ejecutar el lunes.
Un método en una página
Lo que mejor me funciona es resumir toda la estrategia en una sola página:
- Dónde estamos (la realidad sin filtros).
- A dónde vamos (el objetivo, en una frase).
- Las 3 apuestas que nos van a llevar ahí.
- Qué medimos para saber si funciona.
Si no entra en una página, probablemente todavía no esté clara.
El cierre
Una estrategia no es un documento, es un conjunto de decisiones. Y las decisiones solo valen cuando se ejecutan. Si querés ordenar la dirección de tu empresa y traducirla en algo accionable, conversemos.